viernes, 1 de mayo de 2026

Mestre


Joan Miró


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


“¡Mestre! ¡Mestre! ¡Socorro! ¡Que se llevan al mestre!”, gritaban unos discípulos de Miró en Roma cuando unos visitantes del artista, con el ánimo de comprobar su peso de hombre menudo, lo cogieron en brazos, ante el estupor del “mestre”. Y lo que son los tiempos: Mestre, hoy, es la gobernadora de Madrid, el sultanato de todas las manifestaciones de España. Por las cosas que ella viene diciendo no puede uno hacerse una idea definitiva de su programa: procedente del lugarcomunismo puro y duro, habla cual lorito real de la rama del progreso, que es la que la sostiene. A su lado, Méndez, el de antes, era el hijo de Minerva y de uno de los gigantes que quisieron escalar el cielo. (Lancemos aquí otro cubo de cohetes en honor del gobernador despedido.) Ni altisonancias ni imágenes, ni increpaciones ni tropos. Tampoco la sugestión de una habilidad o el regalo de una cuquería. Ni una sola frase rotunda, capaz de taladrar la indiferencia de la muchedumbre. “Frases aburridas, gastadas, insignificantes –temáticas– que algún día fueron gala de los artículos de fondo de los periódicos provincianos, pero que nadie pronuncia ya, que se han quedado sin sentido, huecas, cascadas, polvorientas, adormilantes, viven aún, como en un museo de vulgaridades, en el cerebro de...” Pues eso. Palabras acordeonadas, prensadas, copiosas e insistentes. Fetichista de una denominación: “Estado de derecho”. Braceemos en la hojarasca de sus tópicos: “En un Estado de derecho...” “Soy ciudadana de a pie...” “A los inmigrantes hay que abrirles los brazos...” “Los inmigrantes vienen a trabajar...” “Empeño mi palabra de mujer [al buey por el cuerno, al hombre por la palabra] en consolidar el trabajo de mi antecesor, que me parece que tiene un nivel de ética excelente...” “Me gustaría mejorar la seguridad de tal manera que camináramos más confiados por las calles...” ¿Más confiados? Será ella la desconfiada. Pocas cosas dan más confianza en la vida que caminar por las calles de Madrid, si se conoce la doctrina: abrazarse a los inmigrantes (o chocar las manos al estilo NBA) y cambiarse de acera únicamente si uno se encuentra, bien con un español, bien con un turista, que serían, por pura lógica, los transeúntes peligrosos. 

Viernes, 1 de Mayo

 


Valle de Esteban

Campo de margaritas

jueves, 30 de abril de 2026

Sobre la fanfarronería americana para la guerra (en general)


Norman Schwarzkopf


A la atención del Señor Director del Blog «Salmonetes ya no nos quedan».


 

Sigo siendo un fiel lector del excelente blog de su digna dirección. Yo no sé si tendrá algún interés añadir que, en su momento, tuvo Usted la gentileza y la generosidad de acoger en sus columnas algunas insustanciales elucubraciones  emanadas de mi indigente cálamo.


Tengo el sentimiento, ojalá erróneo, de que muestra Usted cierta recurrente predilección por  las declaraciones de un militar americano de gutural y escasamente lírico apellido, el general Schwarzkopf. Cito: «Ir a la guerra sin Francia es como salir a cazar ciervos sin tu acordeón». En anteriores lecturas, lo único que supiera retener mi atención, de manera, todo sea dicho, muy evanescente, era la obtusa formulación, ortopédica y espesa, de tan babosa ocurrencia comparativa. Aquello venía a reforzar sistemáticamente mi vieja y angustiosa convicción de que la nación todavía más poderosa del globo nunca dejaría de ser, básica y ontológicamente, torpe y analfabeta. Dicho esto con plena conciencia de lo que, sorprendentemente, pudiera haberle aportado, en su momento, a la obra magna del admiradísimo Alexis de Tocqueville.


Soy incapaz de explicarle por qué, en la concreta ocasión que me trae aquí, decidí que la nueva aparición de la patética gracieta, dicho sea en román  paladino, ya me estaba tocando las pelotas. Reacción lamentablemente  hormonal, lo confieso, pero que me sugirió la necesidad de una pequeña puntualización histórica.


En un momento crucial en qué la siniestra carnicería se encontraba en una situación de empate técnico, no cabe duda de que fue la intervención americana, a partir de 1917, la que terminaría decidiendo el resultado de la Primera Guerra Mundial. Pero los soldados americanos que desembarcaron en Francia llegaron con menos de lo puesto, «con su acordeón»  hubiera dicho, sin duda, nuestro casposo vate galoneado. La instrucción de los reclutas era inexistente y, durante los primeros meses, cayeron como moscas, como hojas secas, antes de alcanzar una mínima experiencia de combate y de supervivencia. Por otra parte, todo el equipo pesado, cañones, carros de combate, etc. se lo tuvo que proporcionar… Francia. No hará falta que usted me recuerde que los tiempos han cambiado.


Durante la llamada Batalla de Francia, entre el 10 de mayo y el 25 de junio de 1940, en apenas mes y medio, murieron unos 60 000 soldados franceses, porcentaje de bajas equivalente a los peores momentos de la Gran Guerra anterior. No entraré ahora en la vieja y cansina discusión sobre las causas y explicaciones del desmoronamiento francés, pero parece dudoso que tantas y trágicas bajas pudiesen ser el resultado de la vergonzosa bajada de pantalones de un ejército blancote. 


No sé si podrá interesarle, Sr Director, una rápida comparación con las bajas inglesas, durante el mismo período, que fueron de 4206. No solamente los ingleses apenas combatieron, sino que fue el sacrificio literal de unas cuantas unidades francesas el que permitió que pudiera reembarcar en Dunkerque, «avec armes et bagages», la casi totalidad del ejército de Su Graciosa Majestad. Lo cual permitiría, decenios más tarde, la pregonada producción de uno más de los infantiles y complacientes tebeos cinematográficos tan propios de la tendencia al autobombo y a la mala fe histórica de aquellas culturas.


El 6 de junio de 1944, los anglosajones desembarcaron en Normandía. Las bajas en la sangrienta Omaha Beach, en buena parte fueron debidas a la increíble torpeza de los aviadores americanos encargados de silenciar las defensas alemanas, aquello a pesar de la tranquilidad que les permitía la aplastante superioridad aérea de que disfrutaban. Las bajas entre americanos, ingleses, canadienses y otros participantes menores fueron inicialmente de 4400 muertos.


Durante aquellos mismos días murieron 13 632 civiles franceses. Casi todas las ciudades de la Baja Normandía quedaron asoladas menos la pintoresca Bayeux. Los ingleses del inoperante y timorato Montgomery permanecieron largo tiempo bloqueados e impotentes frente a Caen, la cuna de Guillermo el Conquistador. Una vez arrasada, total y estúpidamente, la ciudad por la aviación «aliada», los alemanes pudieron atrincherarse en los escombros.  En la pequeña ciudad de Saint Lô, 11000 habitantes en 1944, los bombardeos americanos mataron a 1000 civiles, borraron la coqueta localidad del mapa y con ella su catedral gótica, una de las más hermosas de Francia. A pesar de su clara superioridad, numérica, material y aérea   ̶ para los nazis la batalla crucial se libraba en Rusia ̶   americanos e ingleses quedaron inmovilizados durante casi mes y medio en el «bocage», aquel frondoso y entonces letal ecosistema de la Baja  Normandía. La llamada «batalla de los setos», permitió al temible cañón antitanque alemán de 88mm paralizar el avance anglosajón. A los boys americanos les habían  repartido patéticas libretas   ̶ nivel, digamos, Schwarzkopf ̶   donde les contaban cómo eran, supuestamente, los franceses y sobre todo las francesas, inevitablemente  casquivanas y dispuestas a abrirse de piernas ante los encantos del primer morrosko de Arkansas. Ante la frustrante realidad, las violaciones fueron innumerables. Que resultara posible, por muy ilusoria que fuera, la contraofensiva alemana de las Ardenas, clama al cielo. A lo largo de 1944 y 1945 los americanos perdieron 110 000 hombres en el frente del Oeste, menos del doble de las bajas francesas en los 45 días de 1940.


En los siete años y medio de la primera Guerra de Indochina (diciembre de 1946- julio de 1954) murieron 20685 franceses. Al menos durante aquel primer conflicto, hubo algunos episodios, como el de Dien Bien Phu, quizá propicios, todavía, a cierta aureola romántica y literaria.  Durante los diez años de la Segunda Guerra de Vietnam (1955-1975), cuando la jungla vietnamita terminó apestando a after shaving yanqui, los americanos perdieron el mismo número de soldados que los franceses en los 45 días de 1940. Y Dios me perdone por haberme entregado a tan macabra contabilidad. Usted recordará, lo mismo que yo, las grotescas y consternadoras, si no hubiesen sido trágicas, imágenes de la debacle final americana.


A la manera de un Hollywood, siempre capaz de encontrar  los medios escénicos susceptibles de mejorar la rentabilidad de sus productos, la  nueva debacle americana que acompañó los últimos momentos de la evacuación de Kabul, en 2021, alcanzó tal espectacularidad en las modernas pantallas televisivas que fue capaz de arrancar los más cerriles telespectadores a la modorra cervecera que los tenía clavados en el sofá.


En cuanto a lo que está pasando estos días… Como muchos estoy tetanizado ante la grieta apocalíptica abierta en el horizonte histórico por el energúmeno iletrado de la Casa Blanca y su esperpéntico clan familiar. Estoy anonadado, lo mismo que John Gray, por semejante revelación de la incipiente y definitiva im-potencia americana, inexorablemente puesta en marcha por el sacamuelas de MAGA. Vivo como un escupitajo en plena cara su ignorancia y su traición a los fundamentos de la dignidad y grandeza de la cultura occidental.


La Segunda Guerra Mundial  la ganaron los soviéticos: solo podía vencer al totalitarismo nazi un totalitarismo todavía más sistémico y menos respetuoso de la vida humana, el estalinista. En realidad, con los rusos, nunca se acaba de salir ni del totalitarismo ni de la Segunda Guerra Mundial. Aquella devastadora historia zombi, nos la siguen infligiendo ahora mismo en Ucrania.


De modo que tendremos derecho a plantearnos la pregunta: ¿Acaso ganó Estados Unidos alguna guerra en su historia contemporánea? ¡Hombre, sí! ¿Cómo podríamos olvidar la epopeya histórica, la gesta homérica, significada por la victoriosa invasión, en 1983, de la todopoderosa isla de Granada (344 km2; 110 000 habitantes): «Voto a Dios que me espanta esta grandeza / Y que diera un doblón por describilla», dijera Cervantes en su Soneto al túmulo de Felipe II.


Pd. A mí, por cierto, me encanta el acordeón. Uno de los momentos más hermosos de mi anodina existencia ocurrió durante la lluviosa y tan parisina mañana del 6 de diciembre de 2022, en compañía de mi extraordinaria amiga A.C., cuando nuestra emocionada visita a la entonces todavía doliente y mutilada  Notre Dame se volvió más conmovedora aún, en medio del Pont au Double, por la bella y desgarradora melodía tocada por un acordeonista.


Jean Juan Palette Cazajús 

Menús


Alicia Moreno


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Con el programa carnavalero de Alicia Moreno, ya sabíamos que lo mejor sería al final, en el entierro de la sardina. “Los madrileños, gente pródiga en invenciones imprevistas... (?)”, había escrito la delegada municipal de Artes y Oficios, el organismo vertical que se ocupa de atender a los progres en la capital. Y fue Gallardón y soltó una “invención imprevista” que ha arrasado en los periódicos: “Triunfó Doña Cuaresma, la del gesto agrio, pero su victoria es pasajera.” ¿Quién es Doña Cuaresma? Pemán, que era de Cádiz, y que sabía del carnaval más que la Moreno, explica que Doña Cuaresma, como en el Arcipreste de Hita, vence a Don Carnal por tres a cuarenta, pero que no desconoce la existencia del enemigo. “Ni siquiera –escribe– hay que pensar que la formulación del carnaval, ‘Don Carnal’, es específicamente sexual. El Arcipreste reconoce, como Freud, que el cimiento libidinoso del hombre aguijonea ‘en todo tiempo’, sin mesura. No tiene acotación cronológica fija. El ‘Carnal’ se refiere más bien al régimen alimenticio. Por eso, en la pelea del libro del Arcipreste, viene con un cortejo de pollos y cebones, frente a la Cuaresma, que viene con escolta de lampreas, cangrejos y pescadillas. Es casi una batalla de ‘menús’. Es a la carne de vaca o cerdo, ni que a la señorita o ramera, a lo que alude, frente a la vigilia, la denominación de Don Carnal.” Y trae Pemán a colación la exclamación de aquel teólogo católico alemán que, después de visitar las severas y puritanas congregaciones jansenistas de Holanda, exclama al llegar a Colonia y encontrarse con una cabalgata: Al fin una ciudad con procesiones y con carnavales... ¡al fin, una ciudad católica!” Esto, en el fondo, es lo que el nuncio del Vaticano querría explicarle a Rodríguez al amor de un caldito cuaresmal que Rodríguez le debía al nuncio. A Lawrence de Eurabia, que ya ha recibido el apoyo político del islam, con sus imanes y sus mulás –y sus columnistas convertidos en máquinas de sedar–, lo sulfura que los obispos católicos no le quieran votar. ¿Por qué, si, con él, toda la legislatura es carnaval, que bebe, come y se juerguea en previsión de que al cabo viene la crisis, con su ayuno y penitencia?

Feria del Aficionado de San Agustín del Guadalix. Desafío ganadero Dolores Aguirre y José Escolar. Por Andrew Moore

 Domingo 26 de abril, 12:00h

Corrida de toros en formato Desafío ganadero entre Dolores Aguirre y José Escolar 

Terna: 

Damián Castaño, Juan de Castilla y Maxime Solera


ANDREW MOORE























FIN

Jueves, 30 de Abril


Amores

 

miércoles, 29 de abril de 2026

La Champions. Nada complace tanto

 Francisco Javier Gómez Izquierdo


    
      Para servidor, el cine son las tres películas de El Padrino. Luego hay muy buenas cosas, seguro, pero a mí no me llega ninguna -ni siquiera me gusta ya el cine- como me llegaron Marlon Brando y Al Pacino. El PSG-Bayern de anoche, como el Padrino en el Cine, se ha instalado en la categoría de mis grandes momentos del fútbol. Como el Italia-Brasil de los tres goles de Rossi en el Mundial de España, el Holanda-Brasil del 74 con Cruyff y Neeskens, Maradona ante Inglaterra en el 86, el gol de Ronaldo Nazario al Compostela, el 0-3 del Burgos de Juanito y Viteri en el Calderón, además del Mundial y las eurocopas de España por la emoción que se arrastró en finales tan prestigiosas. Cuán apropiado nombre, el de Parque de los Príncipes, para fijar el lugar de tan fenomenal espectáculo como el que nos dieron alemanes y franceses anoche. Fútbol en estado puro, fútbol al que nos llevó el Ajax de Cruyff al principio de los 70 (el ingeniero de semejante maravilla fue Rinus Michels); fútbol que todos querríamos de nuestros equipos; valentía y ¡ay! técnica que esperamos de nuestros jugadores de El Arcángel, El Plantío o Las Gaunas.

  
        PSG y Bayern juegan con tácticas parecidas, mirando siempre a portería contraria. El Bayern parece que con más método, el PSG, con serios fundamentos que dan alas a las variopintas inspiraciones de sus geniales peloteros. Luis Díaz, Kane y Olise son capaces de sacarse de la punta de sus pies ópera más rotunda que los Dembelé, Kvaratskhelia o Doué, pero no más inspirada. La batuta de Vitinha es más poética que la de Kimmish, que nos parece mas práctica, y mientras Achrhaf y Nuno Mendes parecen violinistas consumados, más fino el marroquí que el portugués; los de la orquesta bávara, Davies y Stanisic carecen de virtuosismo y no pareció tan potente su contundencia. ¡Contundencia! Éso es lo que quizás se echó en falta en las defensas de Luis Enrique y Kompany, pero bien nos pareció su ausencia para poder disfrutar como no se disfrutaba desde hacía mucho tiempo.


     Es difícil que a jugadores de tanto talento se les convenza de que son simples piezas sueltas que si se compenetran y ayudan pueden formar una orquesta, el reloj más perfecto del mundo. Es dificilísimo porque los egos de los buenos peloteros están asalvajados y no resisten bridas. Es obligado reconocer el sensacional trabajo de Luis Enrique, un entrenador al que hay quien le ningunea no se sabe por qué. Hay que ser muy bueno para podar de tu equipo las ramas más valiosas -Mbappé, Donnaruma...- y convertirlo en el mejor equipo del Mundo con permiso del Bayern. El partido que ambos hicieron ayer son a mi fútbol lo que el Padrino a mi cine, y sí,  hay muy buenos equipos pero me quedo con Kvaratskhelia, Vitinha, Luis Díaz y Olise.


      A una de las mayores ocasiones que viera el fútbol no podía faltar ese infernal invento televisero que tocó manipular a uno de los diablos del noveno círculo del infierno de Dante que es el que corresponde a los trencillas españoles, Del Cerro Grande fue el Von Braun del Parque de los Príncipes. Inventó una de las mamarrachadas de costumbre y lo hizo penalty. Mateu Lahoz, uno de los suyos, compañero muchos años, lo dijo anoche. Me sonó a cuenta pendiente, a venganza, envidia por no estar él donde está Del Cerro, no sé, pero dijo "¿Cómo alguien al que no le gusta el fútbol puede vivir del fútbol?" después de rasgarse las vestiduras porque alguien viera como penalty la mano de Davies. Mateu Lahoz con Del Cerro, al que demoniza, han abducido a gente que tengo por sensata y en verdad lo es, tal que mi amigo Rafael, y le ha extirpado de las entendederas el excelso espíritu que impregnaban las reglas del fútbol. Ese espíritu lo tienen los diablos encadenado en el infierno dantesco; lo van  cambiando de círculo y cuando quieren hacer el daño más doloroso lo ponen en el noveno. En el VAR de los españoles.

La edad de comer


Pompeyo Gener


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Bajan los pisos y no sé si baja el pan; sólo la sicalipsis sube más y más. Eso se decía en los tiempos del cuplé, tan críticos como los de ahora. Sólo hay que ver las colas en los comedores de las monjas. Uno ha buscado en “La casa de Lúculo” consuelo para tanta aflicción gastronómica. Probablemente, se dice ahí, la gastronomía es un arte de clases medias y, mejor aún, de esas clases alternas que pasan meses de privación y semanas o días de opulencia, porque el diletante en cocina no es como el diletante en música (Gallardón, por ejemplo), que puede pasarse toda la vida en contacto exclusivo con obras maestras y que no necesita nunca ponerse a régimen. Las obras maestras culinarias hay que ir espaciándolas cada vez más, y ¿cómo podría espaciarlas el verdadero aficionado, si la necesidad no le obligase a ello? Una vez aquí, el problema del dinero se complica con el problema de la edad. Camba, que se pasó muchas sobremesas estudiando el asunto, sostenía que la verdadera edad para comer es la que media entre los quince y los treinta años, y desde los cuarenta para arriba hay que dar marcha atrás. “Lo corriente, sin embargo, es que uno pase la adolescencia y la juventud en alguna ciudad universitaria, sometido al régimen patronil, y que empiece a comer, precisamente, cuando debiera empezar a ayunar. La edad de la comida no coincide casi nunca en el hombre con la edad del dinero, y todo cuesta dinero: el carbono, el nitrógeno y hasta el oxígeno, cada vez más raro.” No es broma. Cataluña dio un sabio, don Pompeyo Gener, que era una especie de Laporta con sombrero hongo y que descubrió que los madrileños son gilipollas porque en la meseta no puede haber helio ni tampoco argón. ¡Lo que se le escape a un catalán! A uno, en cambio, se le escapa incluso ese presunto menú anticrisis que habrían elaborado algunos restaurantes de la capital para salir del apuro. No conozco uno solo donde no te estén aguardando para arrearte un sartenazo.

Feria del Aficionado de San Agustín del Guadalix. La novillada de Salvador Guardiola e Isaías y Tulio Vázquez. Por Andrew Moore

Sábado 25 de abril, 12:00h

Novillada en formato Desafío ganadero entre Salvador Guardiola e Isaías y Tulio Vázquez

 Mano a mano Joao D’Alva y Jesús de la Calzada


 ANDREW MOORE






FIN

Miércoles, 29 de Abril

 


De Toni, el mero

martes, 28 de abril de 2026

La Biblia en verso


San Jerónimo, por Caravaggio


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Lo dijo en la primera movida del Golfo el general Schwarkopf: “Ir a la guerra sin Francia es como salir a cazar ciervos sin tu acordeón”. En su promoción del caos mundial, el imperio anglo puede salir a cazar ciervos sin acordeón, pero no a bombardear civiles (las víctimas de todo lo que cae del cielo son siempre civiles) sin “su” Biblia.


¡Es con voz de la Biblia, o verso de Walt Whitman, / que habría que llegar hasta ti, Cazador! –dice Rubén a Roosevelt.


A estos tipos no se les cae de la boca, la Biblia. “Porque nuestra lucha no es contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales” (Efesios 6:12), citaba, al hilo del bien versus el mal, Robert Mueller, director del FBI. “Por tanto, no os preocupéis por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará a sí mismo” (Mateo 6:34), citaba, al hilo de la confianza en Dios (fundamento del dólar), Collin Powell. Era 2003 y, al decir de Wollin, estaban impulsando el nuevo reino de la mitología, en el que unas fuerzas ocultas se empeñan en destruir un mundo creado para los hijos de la luz, que son los neocones.


Trump-47 confiesa no ser cristiano, pero siendo Trump-45 agarró una Biblia y al jefe del ejército, Milley, y fue a retratarse a la iglesia de Saint John, vandalizada en las protestas por la muerte de George Floyd. Tucker Carlson, que conoce bien a esta tropa, teme que la rapiña del Pérsico se plantee como una guerra religiosa del cristianismo contra el islam, concepto que cuenta con el apoyo retórico de la derecha española, cuyos partidos políticos tienen a sus Savonarolas comprados en los chinos agitando contra el Papa “las aguas heladas del cálculo egoísta”. Un ayatolá muerto y un Papa silenciado indica que los alienados van en serio. El secretario de Guerra trumpiano se pone su traje de Pee-wee para dar por liebre de la Biblia el gato de un monólogo de Tarantino que justifique los bombardeos desde el cielo (hacen suya la versión del cernícalo Saramago según la cual “la Biblia es matar, matar y matar”), y la directora espiritual del Presidente, Paula White, se viste de San Jerónimo para reescribir la Biblia de modo que quede claro que Trump es Jesucristo. Se trata de hacer pasar la violencia imperial por violencia religiosa, mito que ya desmontó en su día el teólogo W. T. Cavanaugh, para quien la idea de que la religión tiende a promover la violencia es parte del acerbo cultural convencional de las sociedades occidentales, emperradas en vender la moto de la “democracia liberal” en Oriente Medio. Lo que Cavanaugh llama “mito de la violencia religiosa” no fue sino la guasa liberal para suprimir el acceso de la religión al poder público.


[Martes, 21 de Abril] 

Cuarta de la temporada madrileña con variado encierro de toros portugueses. Los adioses. Pepe Campos & Moore

 




PEPE CAMPOS


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Domingo, 26 de abril de 2025. Cuarta corrida de toros de la temporada madrileña. Variado encierro de toros portugueses. Media entrada. Tarde primaveral.

Cinco toros de Palha (de procedencia compleja, en la actualidad con predominio de origen Baltasar Ibán), bien presentados, serios, de fina lámina (el tercero, escurrido, con cara, y cuarto, castaño, cornivuelto), primero y tercero cinqueños; nobles, a excepción del sexto que desarrolló sentido; mansos; el primero encastado; el segundo desgastado en varas, manejable; el tercero flojo; el cuarto castigado en varas; el sexto, castaño, flojo. Un toro de Couto de Fornilhos (procedencia Conde de la Corte), lidiado como quinto, corniveleto, escurrido, manso, con calamocheo. 

Terna: Sánchez Vara, de Guadalajara, de verde manzana y oro; veintiséis años de alternativa; doce festejos en 2025; tímidas palmas y silencio. Francisco José Espada, de Fuenlabrada (Madrid), de blanco y oro con cabos blancos; diez años de alternativa, tres festejos en 2025; algunas palmas con pitos y división. Luis Gerpe, de Seseña (Toledo), de salmón y oro, con cabos negros; diez años de alternativa; seis festejos en 2025; silencio y herido (herida en la región parietal y en el mentón; traumatismo en el hemitórax derecho, y puntazo en el muslo derecho).

Suerte de varas. Como ejemplo de la decadencia de la suerte de varas en los tiempos actuales (a no ser que los piqueros viajen a San Agustín del Guadalix y hagan el paseíllo en la Feria de los Tres puyazos), exponemos lo sucedido en varas en el cuarto toro de Palha. Primera vara, Francisco José Navarrete, en contraquerencia, trasera, el toro empuja, se le aplica metisaca y se le tapa la salida en una vara larga, el astado sale al capote; segunda vara, Adrián Navarrete, al toro se le mete debajo del caballo, la puya se le coloca caída, y se le receta metisaca al astado que sale suelto.

La corrida de Palha (remendada con un toro de Couto de Fornilhos) nos vino a continuación de nuestra presencia en la Feria del Aficionado celebrada este fin de semana en San Agustín del Guadalix. Fue el cuarto festejo que presenciamos sin solución de continuidad. Y esto pesó (por la excelencia vivida en Guadalix) a la hora de valorar el juego variado de los toros portugueses que ayer se corrieron en Las Ventas, que en líneas generales permitieron que se les pudiera hacer faenas tras haber sido pasados por la trituradora del caballo de picar. En este particular, como es de dominio común, nos encontramos ante uno de los males de la lidia actual, la poca preocupación de matadores, banderilleros y varilargueros por hacer las cosas bien a la hora de picar a los astados. Tenemos anotado que se puso en óptimas condiciones a los toros para ser picados, en la segunda vara al tercer toro, y al sexto en sus dos compromisos. Aparte está el asunto de dónde caen las puyas, y el correlativo manejo barrenador de las mismas. Para matar a los toros de Palha (que ya no dan tanto miedo como antaño) tuvimos la consabida terna de toreros modestos que han toreado muy poco en temporadas anteriores. En este sentido hay que valorar que estos matadores poco placeados tienen el arrojo de ponerse delante de los toros de una divisa que las denominadas figuras no ven, como se suele decir, ni en pintura. A pesar de ello, esto no debe ser óbice para que la crítica que se les haga sea la debida o la correcta. Nada de permisividad. Así es la vida en la tauromaquia.


Dispuestos a analizar la corrida de ayer de los Palha (incompleta), se nos viene a la mente, a la memoria, un aspecto a propósito —aunque aparentemente no tenga nada que ver— sobre la larga carrera de algunos matadores de toros, que nunca les lleva al hecho de saber decir adiós a la afición y retirarse para disfrutar de un merecido descanso rodeados de su familia, esposa e hijos (según se exponía en el Cossío al cerrar la biografía de muchos matadores de toros de otras épocas). Estamos asistiendo a un tiempo en el que para que un espada se retire del mundo de los toros tiene que aproximarse a la edad de la pensión o a la de ir a una residencia. Tal vez suceda porque los toros de hoy ya no son tan fieros como en aquellos tiempos lejanos cuando no existía el evolucionado encaste Domecq. Un linaje éste que ha tomado los derroteros de la humillación, de la flojedad, de lo que se denomina tener clase, no de la bravura, ni de la casta, sino disponerse para la colaboración con el torero e ir hacia adelante en las embestidas con obediencia, en definitiva, de disponerse hacia el arte para ser toreado por un artista. Ante esta realidad los matadores actualmente suman años de alternativa, uno tras otro, hasta sobrepasar el cuarto de siglo, desde que se midieron por primera vez a un astado cooperante. Un amplio ramillete de estoqueadores de toros artistas están aproximándose a la treintena de años de doctorado. Uno de ellos es un «ser» superior muy especial, que se fue hace poco pero que volvió ipso facto, que sufrió un percance mítico y ya está en la parrilla de salida de los entrenos que le llevarán a la sucesiva reaparición.


Por el tipo de toro que ha toreado no debería relacionarse, lo que más arriba hemos comentado, con la carrera de Sánchez Vara, un matador con abundantes años de alternativa y muy sufrido en lidias duras y en tragos amargos ante toros de verdad (recordemos que estoqueó a Cazarrata de Saltillo, hace ahora diez años, y por ello pasará a la historia), y que ha matado toros de Reta, un hecho heroico y colosal. Ayer tarde volvió a torear en Las Ventas, y no es que estuviera mal; no obstante, es posible que debiera plantearse ese adiós necesario (tras haber luchado tanto) y que la mayoría de los toreros no saben vislumbrar, ayudados del toro artista que les permite seguir en la brecha, que no es el caso de Sánchez Vara, un torero que difícilmente ha podido estirarse confiado ante la cara de un toro. Ahí dejamos el comentario sobre los adioses, título, por cierto, de una de las grandes novelas de Juan Carlos Onetti, de temática totalmente alejada de la tauromaquia. Sánchez Vara, ayer tarde, recibió a su primer toro a porta gayola y con una serie de verónicas saliendo de esa suerte, rematadas con una buena media (lo mejor de sus lidias), toreó a ese astado, que era encastado y noble, con ligereza y rapidez, sin el suficiente reposo, en una labor de trámite, sin acoplarse; lo mató en la suerte contraria de un pinchazo bajo y de una estocada caída. Al cuarto de la tarde, un toro manejable, le volvió a aplicar velocidad a sus lances y pases, en tarea desvaída. Mató de un pinchazo en la suerte contraria, y una estocada, de nuevo, caída, y delantera en la suerte natural. Mató al sexto toro tras ser herido Luis Gerpe, en la suerte contraria, de un pinchazo tendido soltando, más un pinchazo muy bajo, y, finalmente, de media estocada caída. Banderilleó a sus dos toros sin ensamble.


Francisco José Espada, inició su trabajo ante su primer toro con verónicas movidas, le puso al caballo sin ajuste (tras haber sido llevado el toro con suavidad, anteriormente, en dos templados lances por Iván García). Con la muleta abusó de torear despegado y por fuera, con la pierna de salida retrasada; muy veloz, sin temple, buscando la cercanía, de perfil, y, por lo tanto, ahogando la embestida del toro. Mató de un bajonazo en la suerte contraria. Al quinto, de Couto de Fornilhos, en una labor muy similar a su primer astado, tuvo el inconveniente del cabeceo del toro, molesto por su amplia cuerna, y de nuevo buscó las cercanías, al hilo del pitón, característica del toreo de este matador; que liquidó al toro en la suerte contraria, tras pinchazo y una estocada baja.


Luis Gerpe, fue el torero más dispuesto y el que peor suerte tuvo. En el tercero, un toro flojo, que se descompuso, se mantuvo con firmeza, en una pelea sin lucimiento; le faltó ahormar más al toro, aunque el calamocheo del astado impedía toda colaboración. Mató de cuatro pinchazos, y una estocada en la suerte contraria. En el sexto, otro toro flojo y que desarrolló malas intenciones, pues se le revolvía iniciado el muletazo, sufrió una cogida al querer sacarle partido y no rectificar. Se fajó y dejó buena impresión.








ANDREW MOORE


















FIN