lunes, 2 de febrero de 2026

Hughes. Real Madrid, 2; Rayo Vallecano, 1. Erectos los estambres


@realmadrid


Hughes

Pura Golosina Deportiva

 

(Un poco tarde la croniquilla, pero aquí se cumple)


Había minuto de silencio dedicado a Lucien Muller y a Brad Branson. Lo sentí mucho porque no me acordaba de Brad Branson y fue a la vez revivirlo y ‘morirlo’. Me dio pena.


La finitud no evitó unos pitos del Bernabéu. “Se ha muerto Brad Branson y estos pitando”, pensaba yo. Eran pitos generales al equipo y luego unos muy concretos a Vinicius, que respondía con gestos de animación a la grada. Si le pusieran un disfraz como el de periquito del Español, veríamos que parte de su gesticulación por la banda tiene el histrionismo inofensivo de la mascota.


El Madrid salió con todo en el campo otra vez, pero sin la pelota y sin la intensidad. Para colmo, Bellingham se lesionó persiguiendo un pase de Mastantuono. Los hombres de fútbol inmediatamente confirmaron que se trataba de algo muscular, con esa seriedad que les provoca el cuádriceps y que sólo supera el ligamento.


Algunos jugadores se llevaban un silbidito, una raíz de silbidito. Asencio no. Asencio puede ser expulsado, dejar solo al defensa, provocar penaltis...


Se fue Bellingham , entró Brahim y el equipo no jugó ni mejor ni peor aunque el susto les animó o despertó un poco.


Ahí vino el gol, una maravilla de Vini, con pisadita loca y gran colocación. Ya había alguno pitando cuando el balón besaba “el fondo de las mallas”.


El gol dio alegría, un pressing picantoso, y minutillos de Guler, Vini y Mbappé; con la presión luego vino la mayor velocidad de la pelota (es que de verdad todo es mental, tenía razón Floro); estaba bien Vinicius y debo decir, aunque puedo estar entrando en el terreno de las desviaciones, que Huijsen también. Le veo más expeditivo, aunque la palabra se le queda un poco grande. Es como en el gimnasio cuando uno pasa de la mancuerna de tres kilos a la de cinco. Hay que aplaudirlo. Se adelanta más al defensa, apuesta más por sí mismo y supera líneas como (creo) nadie en la Liga española. Lo hace de manera tan fácil que no se advierte, pero en la presión tiene mérito lo suyo, como cuando hay trincheras y ha de salir un soldado a atravesar el frente. Él cruza el terreno de las balas como si nada, con flema lánguida y lechosa.


Huijsen incluso llegó a pisar área, llevado por su facilidad y un pase de Güler que le hizo delantero, pues Arda hace delanteros con sus pases.


Pero más allá de mi huijsenismo, la cosa fue decayendo. Mucha actividad de Camavinga lateral, sí, hay que reconocerlo, pero el tono se fue apagando (y esa actividad suya casi entristece por contraste, parece desaprovechada, inconexa, solitaria).


Al irse al vestuario los jugadores, el público pitaba, pitidos soberanos de gustarse ya, inconfundibles, de haberle cogido gustillo otra vez.


Ni los pitidos, ni la arenga de Arbeloa cambió nada, y el Madrid, con Ceballos por Asencio, salió aculadito, largo y blando y no tardó en llegar el 1-1, gol de De Frutos; Álvaro ganando a Valverde, él a Tchouameni.



@realmadrid

Había algo curioso. El Madrid tenía mejor mediocampo en la defensa que en el propio centro del campo: Valverde, Tchouameni, Huijsen y Camavinga, y por delante Güler, Brahim y Mastantuono, o sea, mediapuntas.


Como defensas no hay, se ponen los mediocampistas, y en el mediocampo se desparraman los mediapuntas, que los hay para regalar, y arriba, como en una tarta temblorosa, se pone a Mbappé, Vinicius (y a Bellingham cuando está). No es de extrañar la sensación de desmoronamiento y que eso tiemble como una infraestructura del PSOE.


Además, y volviendo a la psicología, se había perdido la alegría. El ánimo ya era xabialonsista. Un equipo de ratos, de momentitos, de poca fuerza, de poca convicción, con la única emoción del susto ante Courtois, esta vez un mano a mano con Ratiu.


El perseguidor de Ratiu, el que hacía de Valverde, fue Gonzalo, todo hay que decirlo.


Dominaba el Rayo, costaba un mundo robar (porque el balón es de alguien, no de nadie) y se oía “calienta David Alaba”.


Mbappé, a pase de Güler, como siempre, la llevó al larguero y el Rayo colaboró con la autoexpulsión de Pathé Ciss, que le hizo una entrada salvaje al pobre de Ceballos, que hacía de monocampista, levando él solo, y llevándolo bien, el centro del campo sobre el que flotaban los delanteros de antes más Rodrygo. Estuvieron los dos muy bien. Ceballos incluso pudo marcar en un tiro al palo y Rodrygo pidió la pelota cuando más quemaba.


Si el Madrid perdía, la Liga empezaba también a ponerse en chino, y se le notaba a Arbeloa, hundido en su gabán. El árbitro extendió un descuento de 9 minutos. Así, así... cantarían algunos, pero es verdad que hubo de todo y mucha pérdida de tiempo.


En el noventa y mucho, con el Madrid jugando a lo que más le gusta, a lo que al final le recordamos, consiguió un penalti sobre Brahim, otro patadón absurdo, y Mbappé, con la tensión en el rostro, lo marcó.


Había sido el Madrid de Alonso pero con el brote de una flor. No decimos que Arbeloa la tenga. Pero una flor se despetaló contra el Rayo en el minuto 97. Fue una introducción a la flor en lo peor del invierno.


La flor tiene estambre, corola, pistilo... Vayamos recordando. La flor es hembra, pero tiene una parte macha y es lo que nosotros podemos aportar. ¡Erectos los estambres!



@realmadrid

El tumor blanco


Infierno, Canto 15
Brunetto Latini aborda a Dante


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


El vaticinio lo hizo don Santiago Bernabéu, que tenía estos fogonazos de magnesio:


La afición acabará siendo el tumor del Real Madrid.


Era su forma de presentar los peligros (y las trampas) de la exigencia. A Mourinho su asistente Rui Faria le pidió un día rebajar un poco la exigencia con la plantilla; al rato, Faria regresó al despacho de Mourinho y le ofreció su reconocimiento: “Claro que, si tú no fueras así, nosotros no estaríamos aquí”.


De la exigencia inteligente de Mourinho a la exigencia estúpida del pipero-masa, descrito por Ortega como individuo que nada sabe, pero que de todo opina. “No hay cuestión de vida pública donde no intervenga, ciego y sordo como es, imponiendo sus opiniones”. Para Ortega, al pipero-masa que ruidajea la vida pública le preocupa tanto su bienestar (copas y copones) que es insolidario con las causas de ese bienestar, por lo que muestra una radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la facilidad de su existencia: “Estos dos rasgos componen la psicología del niño mimado”. El piperío es una guardería al cuidado de vejestorios mediáticos donde un chota de Janli puede rebajarse a llamar “pelota” a un entrenador que se le escapa.


Vuelve, pues, el proverbial encanallamiento español de una sociedad fracasada, donde la afición (si tomamos por tal al piperío) se convierte en el tumor que vaticinara Bernabéu, y eso que el suyo fue otro público, desde luego, señorial (en contraste con el actual), como demostró la noche del 0-5 en Chamartín (febrero del 74) ante el Barcelona de Cruyff (jugador desechado por Bernabéu, estando ya comprometido, “porque no me gusta su jeta”):


Me acuerdo de aquel partido –explicaría Bernabéu en sus memorias–. Recuerdo ese silencio sepulcral de los socios; nadie dijo nada, nadie chilló, nadie se quejó. Y me he preguntado muchas veces quién fue el que dijo “vamos a callarnos” y, además, le hicimos caso todos.


Compárese la grandeza de aquel silencio del público ante la deflagración de Cruyff en la Castellana con el estrépito pipero de la noche del Levante con motivo de la salida del banquillo de Xabi Alonso, alias “El Proyecto”, en cuyas viudas indias reconocemos el timbre de la voz de los radiofonistas y podcasters como Dante reconocía el timbre de la de Brunetto Latini en el humo fantasmal.


Vamos a ver: que tampoco el Leverkusen de Xabi era el Dinamo de Lobanovski. Y en el clavo ha dado Bale, el futbolista más inteligente (su inteligencia fue siempre un insulto para la torpeza mediática) que haya pasado por el Real Madrid: “Tienes que calmar los egos, y no necesitas hacer mucho trabajo táctico. Tienes estrellas en el vestuario que pueden cambiar los partidos en un abrir y cerrar de ojos”.


Como entrenador, Xabi apareció en la Castellana como aquel loco de la esgrima que medía ángulos y movimientos de la espada en el camino de Alcalá donde lo halló el Buscón de Quevedo, que lo tomó por encantador al verlo junto a una mula suelta, mirando un libro y haciendo unas rayas que medía con un compás:


Se me ofreció –explicó el personaje– una treta por el cuarto círculo con el compás mayor, continuando la espalda para matar sin confesión al contrario, porque no diga quién lo hizo, y estaba poniéndolo en términos de matemática.


“¿Es posible que hay matemáticas en eso?”, preguntó el Buscón. “No solamente matemática –contestó el esgrimista–, más teología, filosofía, música y medicina”. 


Vamos, lo que los piperos cultos, que no son más que ratones del pan, llaman “proyecto ilusionante”, pues por fin íbamos a jugar “con las armas” del Pep de Sampedor, el míster que recita a Martí y Poll, el vate de Roda de Ter. El proyecto, como vemos, era ilusionante, pero pasaba por el sacrificio de Vinicius y de Endrick, más el hundimiento físico de una plantilla de atletas condenada a ejercitarse con los videos de Eva Nasarre. Pero en Ratópolis los roedores más oportunistas del mercado decidieron aprovechar el dolor de las viudas indias de Xabi para patear a Florentino Pérez en el antifonario de Valverde, Bellingham y Vinicius, que ya hay que ser retrasado.


[Sábado, 24 de Enero]

Lunes, 2 de Febrero

 


España'78

domingo, 1 de febrero de 2026

Sentimiento en El Arcángel


Fondo Sur, anoche



El Coloso Adrián Fuentes
 en el tren el pasado 12 de enero

Francisco Javier Gómez Izquierdo


        Sigue Córdoba sumida en la pesadumbre adamuceña y es sentimiento que se ve y huele allá por donde vayas. El cordobesismo no podía faltar a la cita del reconocimiento y homenaje de "los muertos de Adamuz" y desde la Directiva, que invitó al partido ante el Valladolid al alcalde y a esos dos chavales de dieciséis años de Adamuz que volvían de pescar como si fueran personajes de aldea de novela de los 60 el domingo que se encontraron con "la tragedia" que hará inolvidable a su pueblo, hasta el Fondo Sur que desplegó una cartelón con un tren blanco fantasmal, tétrico, siniestro, estuvieron a la altura de lo que se esperaba.


       Me llamó mucho la atención el niño Julio cuando dijo que venían de pescar. "En domingo y seguro que sin cobertura en plena Sierra Morena", pensé al oírlo. Saltaron Julio y su amigo José, con el 10 del Córdoba -"ése es el dorsal más bonito en el fútbol", le chivé al hijo de diez años que llevó mi vecino de localidad- a ser aplaudidos por El Arcángel. Juric, el capitán pucelano les dio dos camisetas del Valladolid también con el número diez y Julio, con esas salidas noblotas que demuestra, se la puso encima de la cordobesa y lo mismo hizo su amigo José. ¡¡Dios quiera que no os maleen!! ¡¡Ojalá sigáis saliendo a pescar  durante cien años todos los domingos!!


       El partido empezó sentimental, siguió disputado y emocionante y acabó la primera parte con empate a uno y una jugada que al Director Deportivo del Valladolid, señor Víctor Orta, le pareció un despido improcedente. Pone el árbitro Manuel Ángel Pérez Hernández en el acta del partido que en el túnel de vestuarios "...el señor Víctor Orta se dirigió a mí en éstos términos: Por tus decisiones dejas a 30 familias en paro". La jugada en cuestión es una carrera del "Coloso" Adrián Fuentes en dirección a portería desde la derecha al que Juric entra por detrás y derriba, no está claro si con la suficiente fuerza para derribar un coloso. Pérez Hernández no lo dudó y el VAR no entró. Falta y roja directa. Ya saben que a mí me gustan así los árbitros. Que decidan ellos y no el aparatejo. Sinceramente creo que se necesita mucha fuerza para derribar a Fuentes pero todos estamos hartos de ver haciendo esparajismos y revolcándose como si los hubieran asesinado jugadores que sólo pudieron sentir suaves vuelos de leves plumas a los que "el sistema" hace caso...

 

    Con uno más, el Córdoba acosó y echó mano de Guardiola, un ariete que vistió de blanquivioleta. Celebró enloquecido -"¡por algo será!", pensé- los dos pepinazos con los que tumbó el portón del castillo pucelano, ese castillo al que Su Señor, el ínclito Víctor Orta ve ya rebajado de categoría. ¡Qué hombre más raro es éste! El año pasado por estas fechas andaba en el Sevilla CF amargando al sevillismo hasta tal punto que fue despedido tras varias manifestaciones peñistas, en junio junto a todo su equipo. En Sevilla cobraba 750.000 euros anuales, sueldo que seguro no cobra en Valladolid, pero ya se está currando la página de persecuciones, mientras se trae al medio jubilado Clerc, a un tal Erlien noruego, o a Sansiviero que tiene nombre gallego, cara de sueco pero es del Uruguay. Los trae y los presenta como si encontrara berros en manantial. Pucelanos, Victor Orta fue, pero ya no es. ¡Ojito con el!


    El Burgos-Leganés fue a las cuatro. El Burgos ganó como suele. Roe que roe. Partido hosco, Trabado, Feo a la vista... pero se gana. Ramis sacó en la segunda parte un fichaje propio de Víctor Orta. Uno de esos sudamericanos con extraños representantes y que recorren equipos sin dejar ningún recuerdo. Se llama Pablo Galdames y es uruguayo. A lo visto anduvo unos años por Italia. Luego un año al Vasco de Gama; al siguiente, a Independiente de Avellaneda. Como el amo del Burgos es argentino, con alguien habrá hablado, supongo y se lo ha traído a Ramis, al que le gustan los medios defensivos. El tiempo que jugó dio patadas, pero no al balón y no sé... mejor no me enredo. Al Leganés se le ganó de sendos cabezazos en el punto de penalty de los dos González burgaleses; David y Mario. 2-1. El gol del Leganés fue de preciosa volea de Óscar Plano que parecía definitivo para empatar, pero algo hay en el centro de la defensa del Leganés que todos los cordobesistas hemos temido. Es un factor que tendría que preocupar a Igor Oca, el arqueólogo-entrenador de la tierra de los pepinos pero veo que a este míster le gustan los jugadores con arrebatos raretes. Tal que Álex Millán en vez de... o Marvel en vez de...


     Burgos y Córdoba. 38 puntos. Arriba. Con "Los Güenos". Que sigamos uncidos.

Letrillas


Thomas Carlyle


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


En mi barrio se va la luz unas tres o cuatro veces al día. Bueno, dicen que el socialismo real siempre fue eso: apagones, racionamiento –de momento, sólo de luz y agua– y unos ministros muy farrucos que, a nada que se les lleve la contraria, piden detenciones. Ahora, ¡robar!... “¡No voy a consentir que se acuse al PSOE de robar!”, ha dicho, con la vena de la frente bien hinchada, como dice Carlyle que le pasaba a Mahoma cuando se cabreaba, un concejal socialista que atiende por señor Iglesias. Y con razón. Resulta que el concejal de los guardias, señor Calvo ¡este hombre se llama como el encargado del Supersol de mi barrio!–, había acusado a los socialistas municipales de intentar “robar documentación”, con lo cual al señor Iglesias no le quedó más remedio que levantarse como una torre de coraje en defensa de sus señas ideológicas: apagones, racionamientos, ministros farrucos... lo que se quiera. Pero “robar”, mire usted, señor Calvo, no. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Desde un punto de vista estrictamente ideológico, con el real socialismo, en efecto, nadie que no sea socialista puede llegar a nada, hasta el punto de que, cuando los ministros no piden detenciones de quienes no llegaron a pegar a Bono, piden sanciones para los que lleguen a “derrochar” bienes. ¡El derroche! He aquí, precisamente, lo que escandaliza de Gallardón, a quien los chistosos de guardia llaman “Gay-ardón”, como queriendo dar a entender que Gallardón, además de un tecnócrata redomado, es melómano. Para mí, un melómano es un amigo de fabricarse su propia siringa, como aconsejaba el viejo verso griego del bucólico: “No es preciso, hijo mío, tener para cada cosa necesidad de otro. Es preciso que tú mismo te fabriques tu siringa.” Gallardón no ha hecho otra cosa que fabricarse su siringa desde que está en la política, lo cual molesta muchísimo a un tal Paco Pol, líder de un Club de Debates Urbanos, que va cantando contra Gallardón y su “Estado de Obras” unas letrillas sinsorgas que parecen escritas por Moncho Alpuente. Ya estoy viendo el próximo monumento de progreso en Madrid: “La sociedad civil a Paco Pol.” Y ahí va a estar hasta que San Juan baje el dedo.

Domingo, 1 de Febrero

 


Ratoncito Pérez

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios

 DOMINGO, 1 DE FEBRERO


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:


Bienaventurados los pobres en el espíritu,

porque de ellos es el reino de los cielos.


Bienaventurados los mansos,

porque ellos heredarán la tierra.


Bienaventurados los que lloran,

porque ellos serán consolados.


Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,

porque ellos quedarán saciados.


Bienaventurados los misericordiosos,

porque ellos alcanzarán misericordia.


Bienaventurados los limpios de corazón,

porque ellos verán a Dios.


Bienaventurados los que trabajan por la paz,

porque ellos serán llamados hijos de Dios.


Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el reino de los cielos.


Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.


Mateo 5, 1-12a

sábado, 31 de enero de 2026

Carvalho



Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Los del Madrid desean a un defensa central de nombre Carvalho, y los del Oporto, que son sus amos, han puesto el grito portugués, que es el de la exageración, en el cielo: “Los españoles –ha dicho el presidente Pinto– están habituados a ver a Portugal como un país de segunda y a comprar todo por el precio que quieren, y las cosas no son así: somos nosotros quienes fijamos el precio para hacer negocio con los españoles.” Ahí la tienen: la exageración lusitana. En este caso, a cargo del presidente Pinto, que se ha quedado en la época de la lucha de la peseta con el escudo. ¡Qué época, la de la lucha de la peseta con el escudo! Según Camba, al entrar en Portugal, uno se sentía ascendido en su categoría: de don Fulano pasaba a ser excelentísimo señor don Fulano; de tener cinco duros, pasaba a tener cinco mil reis. “Uno crece, se ensancha y se multiplica al llegar a Portugal. Así como en España todo tiende a reducirlo a uno, en Portugal todo tiende a ampliarlo.” Pero los portugueses consideran injustas todas las bromas que amistosamente suelen gastarles los españoles sobre su inclinación a aumentar la apariencia de las cosas, y la verdad, acababa por reconocer Camba, es que resulta muy difícil demostrarles que la aumentan. La aumenta el presidente Pinto, aunque todo indica que el presidente Pinto es uno de los últimos portugueses aficionados a aumentar la apariencia de las cosas. Desde lo de Figo, esta manía ha pasado a ser un distintivo de los catalanes, y no porque digan que lo de Figo fue un robo del Madrid: después de todo, es natural que a un catalán le parezca un robo pagar diez mil millones por un futbolista. Ahora, por ejemplo, les ha dado por decir que el mejor futbolista del mundo es Ronaldinho, y todo porque para ellos, en su exageración, el mundo son las Ramblas. No digo yo que Ronaldinho no sea “engraçadinho”, pero Camacho, que también parece bastante “engraçado”, si le dan a escoger, prefiere a Carvalho. “Ochoupal anda, coitado, / num triste desassocego, / porque morreu afogado / um rouxinol no Mondego...” 

Sábado, 31 de Enero

 


Lluvia madrileña

viernes, 30 de enero de 2026

Locos normales


@Cerni_report

 

Ignacio Ruiz Quintano

Abc


Se lo dijo Trump a Jonás, primer ministro noruego: “Considerando que su país decidió no darme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido más de ocho guerras, ya no siento la obligación de pensar puramente en la paz”. Y firmó la orden ejecutiva para la reapertura de los manicomios, más, se supone, el incendio de Persia, con sus sultanes lorquianos dentro.


Creo que nuestra sociedad está dirigida por gente loca con objetivos locos –decía John Lennon en la BBC del 68.


El dedito meñique de los liberalios nos ha traído a esta patocracia (Lobaczewski) bioleninista (Spandrell) que gozamos. Explicado por Spandrell, el bioleninismo es una variante del leninismo como forma particular de contratar personas para tu organización: un sistema de promoción del desperdicio social como fin último, que elimina la competencia en aras de la lealtad. Dado cómo funciona la sociabilidad humana, es un milagro, para Spandrell, que la competencia sea recompensada: “La misma razón por la que todas las amas de casa prefieren una niñera hondureña cuarentona a una ucraniana veinteañera”.


Una vez que entendí esto, dejé de preguntarme por qué la humanidad tardó tanto en desarrollar la ciencia y la industria.


Una forma rápida de entenderlo es la kermese de expertos en la TV del Régimen cascando sobre el penúltimo accidente ferroviario en el país de la Renfe (presidida por el autor de “El Potencial de las Variables Latentes en Modelos Explicativos del Uso de la Bicicleta”). Ante la peliaguda cuestión de “si la colisión fue entre trenes o contra la propia vía” (sic), el ojo al dato de “un dato importante: las ruedas de los trenes son una especie de cuadrado” (sic), con lo cual nos vamos a publicidad: “Mitos ancestrales y penes monumentales en la ‘locura’ no apta para menores de Marina Abramovic en el Liceo: ‘Es una nueva forma de arte’.” (Titular periodístico).


Trevijano incluyó en sus “Pasiones de servidumbre” la pasión de ser locos normales:


¿En qué régimen vivimos? Por su lenguaje idiotista, sus abisales silencios, su mitomanía, sus obscenidades, sus idolatrías, su culto a la deslealtad, su pérdida de memoria, sus diezmadas culturas, sus crímenes de Estado, su falta de justicia y sus indultos de gobierno, se reconoce al instante el régimen de vida, en manicomio estatal, de unos locos normales.


Cita a Santayana, para quien dos deidades, el Castigo y el Acuerdo, flanquean la locura normal y la mantienen dentro de sus límites. El Castigo, se nos dice, libera a la sociedad de sus locos individuales, para que la silenciosa paz de la indiferencia se instale en ella. El disentimiento de la opinión común constituye la locura personal, y se combate con la persuasión del Acuerdo, que es el método de la locura por consenso.


Si el disidente persiste en su locura extraviada, el Castigo sofocará su pensamiento y silenciará su expresión, en aras de la tranquilidad de la locura nacional y de los locos normales por pasión de consenso.


[Viernes, 23 de Enero] 

Viernes, 30 de Enero

 

El meme

jueves, 29 de enero de 2026

Hughes. Benfica, 4; Real Madrid, 2. Adiós al topocho


Como un niño


Hughes

Pura Golosina Deportiva


Un gran club, una gran afición, un gran palmarés. El Benfica hacía una exhibición antes del partido. El Estadio de la Luz se hacía un poco Metropolitano (menos luz, más tiniebla) y sólo faltaba el águila del club que bajara y se posara en el hombro de Vinicius.


El Benfica tenía auténtica skin in the game. El Madrid también, pero nos enteramos al final del partido. Su capitán era Otamendi, con la pinta conseguida de salir de un correccional de Bukele, y su entrenador Mourinho: la motivaçao estaba garantizada.


En el túnel de vestuarios, entre la gente, como un antiguo amor en medio de la avenida, aparecía Él. Mourinho, elegante y canoso bajo la lluvia, sosegado su espíritu de contradicción. Abrazó a Arbeloa, que parece un santo de Zurbarán.


El Madrid salió audaz, En los primeros minutos, casi dirigía Huijsen y Courtois era líbero. La construcción la completaba Güler. Ése era el triángulo de la lucidez, aunque lo que más pitaba era Asencio que, como llovía tantísimo, hacía tackling con aquaplaning: el aquatackling. Se le veía feliz como chiquillo.


Pero pronto vimos signos funestos: una ocasión del Benfica y pérdidas en los primeros intentos de Bellingham.


El Benfica jugaba en un 4-2-3-1 y los pivotes ya los hubiera querido Trump para su ICE.


La agresividad de unos y otros era distinta, y eso se vio en un balón aéreo entre Otamendi y Huijsen, dos masculinidades colisionaban y estaba claro quién se llevaba la peor parte.


Huijsen es holandés, holandés condenado a ser juzgado por ojos españoles.


Mourinho veía el partido con su estilo característico, como si bajara a pasear al perro y éste (el perro, el partido) parara a echar una meadita.


Lleva años Mou con equipos formados por jugadores desconocidos con nombres como Schjelderup, nombre de estornudo.


Al cuarto de hora, llegó un susto en forma de penalti. Hubo una polémica, en cuyo transcurso veíamos todo el rato a Otamendi sobre el árbitro. La consulta al VAR dio la razón al Madrid, pero ya había quedado claro el peligro de Sudakov y Prestianni, argentino pequeñito al que Courtois, poco después, le sacó con las yemas de los dedos un gol cantado.


El partido era serio, duro, intenso. Separaba a los hombres de los niños. Como esa categoría del sub23. Los de menos, apenas estaban, Mastantuono, por ejemplo, y sólo los mayores (Valverde, Bellingham, Asencio) se mantenían en pie. Guler luchaba con su calidad: un pase a Bellingham, un chut potente...


Al poco llegó el gol del Madrid. Se sintió que llegaba de la nada porque el pase lo daba Asencio, muy bueno, a la cabeza de Mbappé, que se lo había casi dictado. Fue un gran cabezazo. Antes del gol había tenido el Madrid unos segundos largos de toque, así que de la Nada absoluta no venía.


El 0-1 trajo su momento de euforia aprovechada para posesiones y combinaciones estériles y de ese optimismo precario se salió con un contragolpe enérgico del Benfica, muy mourinho. La jugada llegaba, como llegaría todo, por la izquierda madridista, la jurisdicción de Carreras, que saldrá en la foto como el culpable sin serlo del todo. Atacaba un benfiquista y Asencio, último hombre, decidió, sin sentido alguno, marcarse un aquatackling en el que quedó atrapado; no sólo eso: al querer incorporarse con su irritante brío, tropezó, de modo que le dio toda la ventaja al rival, que pasó al otro lado por donde llegaba Schjelderup, por supuesto solísimo. Su remate no lo hizo solo, pues Mourinho remataba con él en la banda.


Vinieron minutos de ahogo: Valverde, viendo el percal de Asencio, se hizo también líbero y cortó alguna jugada; Barreiro perdonó otro gol clarísimo en un córner (esos goles que lo son ópticos) y el Madrid entero ya daba señales de ahogo.


Mbappé lo intentaba con un individualismo de pingüino ante la montaña y se dolía, se tiraba al suelo. ¿Qué le habrá pasado? Se repetía la imagen intentado detectar el daño y el locutor Maldini repetía: ahí, ahí, como si supiera el frame exacto.


Mbappé se hizo el muerto un buen rato, como si diese lo mismo que estuviese o que no y a Vinicius no le importó porque, con el compañero yacente, siguió intentando su batalla contra el mundo. El Madrid era, pues, tan carajal arriba como abajo.


Por eso el 2-1, en el descuento de la primera parte, llegó de penalti injusto sobre Otamendi (que lleva la culpabilidad inscrita en la piel) pero no se sintió del todo inmerecido.


El Madrid se fue al descanso sin tener seguro su acceso al top 8 que sonaba topocho y así quedará: el topocho.


Del descanso el Benfica salió presionando muchísimo y en el Madrid todo lo planteaba Mbappé, cuya velocidad dejaba en evidencia al resto. A su pase cruzado como extremo derecho no llegó Vinicius.


El ritmo era similar y pronto llegó el 3-1, otro contragolpe, el del estornudo otra vez ante Asencio, que mucho ruido defensivo y pocas nueces. El pase había sido de Prestianni.


La defensa era criticable, pero el mediocampo ya había quedado reducido a nada.


Arbeloa dejó la penitencia zurbaraniana y movió el banquillo: Camavinga y Rodrygo, y el equipo quizás mejoró un poco, aunque el gol, el 3-2, tuvo algo de arranque sucesivo de genialidades: la evolución de Bellingham, Güler como siempre, y el remate perfecto de Mbappé, raso y ajustado, todo matemático.


Mientras Mou celebraba lo suyo poniendo los brazos como un Corcovado, el gol no se notó en el rostro de Arbeloa, cuyo trabajo consiste en parte en mantener los 90 minutos la misma cara, una forma de estoicismo facial. Da la impresión de que está concentrado en no mover un músculo, como cuando queremos no reírnos.


Dentro de lo que cabe entender como un proceso natural de maduración, Huijsen le arreó una hostia a Pavlidis (perdòn por el lenguaje, impropio de puragolosina, pero se hace por el bien del jugador).


El Madrid exhaló sus últimos hálitos pero en el infierno presionante lisboeta, se vio que Güler y Bellingham, ni nadie entre los demás, es capaz de adherencia a la pelota, de mantenerla, de tenerla, de quedársela un poquito, que es el primer fundamento futbolístico de la infancia. Cuando se empieza a jugar al fútbol, jugar bien es quedarse para uno la pelota. Luego ya llega el gol, pero es posterior.


Güler es pase, sin acarreo; y Bellingham es acarreo. Son un punto y una coma, una semipausa.


El Madrid iba otra vez, como tantos meses ya en Europa, detrás de la pelota, pero informe, sin forma, como una estela muriente tras la bola del cometa. Cómo será la cosa que en el 74 (lo apunté) Asencio intentó la jugada individual, movido por no sé qué extraordinario sentido de la autoestima o quizás como en ese estertor suicida del soldado que se ve solo en el campo de batalla.


Arbeloa salió de la contemplación ataráxica con una tanda de cambios rara: entraban Alaba, Cestero y Brahim, y el que se iba no era ninguno de los estelares sino Güler, que al irse lanzó su particular purqué: siempre yo.


De Arbeloa se podría decir lo que se dijo de Alonso: que no se atreve; aunque cuando Alonso se atrevió también se lo criticaron.


Estos cambios abrieron las puertas a un desastre distinto. Había cosas ya malas: Valverde de solucionador en todos los puestos, Courtois salvando goles, Mbappé con un individualismo como de afrancesado llegado a la España ajena de los Austrias. No era serio su personalismo, ni serio era el horror de Vinicius, del que ya vemos más su gesto enfadado de pez abisal que sus filigranas... Pero llegó un caos extrafutbolístico, una forma distinta de anarquía.


Primero Asencio fue expulsado por no medir, que es su gran dificultad. No mide. No es inmenso, sino inmensor.


Luego se autoexpulsó Rodrygo, de nuevo en el terreno de lo disciplinario.


Y al Madrid se le vieron de repente, tras unas semanas de felicidad pactada, los desperfectos, los de siempre y alguno más. Eran como humedades apareciendo después de la manita de pintura. Alguna humedad era Cara de Bélmez.


El Madrid de Arbeloa se queda, en pocos días, fuera de la Copa y fuera del Topocho. Parece que Zidane, lo que se dice Zidane, no es.


El Benfica, aunque ibérico, no jugaba por hacer la puñeta al Madrid. Lo hacía para clasificarse y en el descuento, contra nueve, en un córner, lo consiguió con un remate de su portero, que subió con más perplejidad que otra cosa. Eran las energías mourinhistas, vistas ahora desde el otro lado. 

Cartas


Raquel Meller


Ignacio Ruiz Quintano

Abc


De las voces a los ecos. El liberalismo sindical -los liberados, ya saben-, con Gómez, el jefe del Nuevo Socialismo de Sotillos al frente, se quita la bata de médico para ponerse la blusa de amanuense. El cerco a Güemes entra en su segunda fase: la epistolar. Mandarle cartas hasta que se rinda. “¿Sabe usted que he de emplear unos cuarenta minutos diarios sólo en contestar las cartas de recomendación para el personal femenino?”, se quejaba, allá por los cincuenta, Pepín Fernández, el mago de Galerías Preciados. Gómez se parece más a Florito, el mayoral de Las Ventas, que a Pepín Fernández, pero también anda liado con las cartas. “Cuando recibas esta carta sin razón, Eufemia, / ya sabrás que entre nosotros todo terminó”, cantaba Pedro Infante. Eso, precisamente, es lo que a Gómez le gustaría decirle a Esperanza Aguirre, pero Gómez, que no ha salido del “Tu nombre me sabe a yerba” de Serrat, carece de la facilidad para la expresión de Pedro Infante. Sotillos, que de joven vendía libros en TV, le ha dicho que copie la “Carta sobre los ciegos, para uso de los que ven”, de Diderot, pero en la biblioteca de Parla no la encuentran, y a Gómez no le queda sino dejar la redacción, aunque sea con borrones, en manos de los liberados, quienes, de todas formas, mejor están así, redactando cartas, que haciendo el zángano con la cosa de tirarle de la americana a Güemes. ¿Quién sabe? Entre párrafo y párrafo, lo mismo alguna liberada descubre su otra vocación. A Raquel Meller la llamaron una vez para hacer de “Lola Triana”, pero ella lo que quería era hacer de Santa Teresa: “Estoy segura de que doy el tipo -le soltó a Pemán-. He leído su vida, sus cartas... Por cierto, llenas de faltas de ortografía. Me han dicho que cuando se despide en sus cartas: ‘indina sierva de Su Señoría’, quiere decir por humildad, ‘indigna’, sólo que entonces se decía sin ‘g’. Y bien que lo siento, porque la santa me sería más fácil de interpretar si, además de mística y santa, fuera, como yo, un poco ‘indina’.” En fin, que Gómez escriba cartas, y que Méndez y Fidalgo, que están tudescos, los tíos, corran a echarlas. 

Noche venturosa en Portugal e Inglaterra


Alisson Santos


Francisco Javier Gómez Izquierdo


          Los ocho partidos primeros de la Champions con el nuevo sistema es como beldar, con el riesgo de que en un repentino soplo de aire -ahora sin grupos es mucho más sorpresivo y emocionante- se vaya parte del grano con la paja,  En la presente edición no han caído en el balaguero  que se suponía el Real Madrid, el PSG y el Inter de Milán. ¿Quién ha osado desplazar a los nobles? Pues a  mi modesto parecer el Sporting de Lisboa de Trincao, que fuera capricho culé, y Luis Suárez, el goleador del Almería, además del Tottenham de Xavi Simmons al que se ve mucho por pequeñito, de los goleadores Kolo Muani y Richarlison y nuestro Pedro Porro que pone balones-bomba como aquel Manfred Kaltz, que centraba que daba gusto. El tercero no sé decir, pero mi antigüedad de aficionado preñada de prejuicios me lleva al Arsenal. Un disparate evidente la impresión de servidor, pues el Arsenal ha ganado los ocho partidos; es el equipo más en forma, más temido y al que nadie quiere hasta la final, porque por pedir que no quede. Servidor tiene el convencimiento de que todos los equipos tienen su bache, una atmósfera rara que traba la pierna y agarrota el músculo, y este bajón que temen en silencio todos los entrenadores, al bueno de Arteta aún no le ha visitado en la presente temporada y eso es tan bueno como malo.


      El octavo y decisivo partido para casi todos menos para Arsenal y Bayern de Munich nos deja entre "los ocho" a los cinco ingleses con unos aires de superioridad que veremos a ver quién es capaz de espantar. El Newcastle, el sexto representante de la Premier, se ha clasificado decimosegundo y no sería descabellado verlo en octavos pues el cruce con los azerbayanos del Qarabag o el Mónaco de Ansu Fati y Golovin, el ruso en el que me gusta reparar, no parece infranqueable para Anthony Gordon, un número 10 como mandan los cánones. Muy buen pelotero este Gordon al que todas las jornadas vemos su melena al viento celebrando goles. Leo que lleva seis, pero a mi me parecen más. Será por los que propicia.


     "Fueraparte la Inglaterra", la noche emocionó como pocas a los aficionados portugueses, y se llegó al éxtasis en Lisboa por un gol de  Alisson Santos en San Mamés en el minuto 94 que colocaba a su equipo, el Sporting de Lisboa entre "los ocho" en detrimento del Real Madrid, y por otro de Anatoli Trubin, ¡¡¡un portero que no se había visto en otra igual!!!, en el  estadio Da Luz, al mejor del mundo de sus colegas, Courtois. La emoción del fútbol está ahí. En los últimos minutos. En ese gol que cambia todo. Estos vuelcos del corazón se presentan en los últimos minutos de la última jornada y son momentos muy del gusto como saben de la Segunda División española.


       A Mourinho, entrenador del Benfica, le ha ido perdiendo el personaje, pero sus métodos de entrenamiento y motivación no creo que se tengan que ningunear. A Mourinho no le van a llamar ya para equipos "top", como le gusta decir, pero quizás sea en estos clubes "de perfil bajo y limitado presupuesto", donde se sienta más a sus anchas y sobre todo más respetado por sus jugadores, sobre todo si no tienen el colmillo retorcido. Y si lo tienen, como Otamendi, ganarlo para la causa. Ver ayer a Prestianni con 19 años, a Schejelderup (hay que mirar tres veces para escribirlo bien), que anda en 21 e incluso Pavlidis con cara de veterano pero que anda en los 27, correr como si les persiguiera una manada de lobos y maniobrar para cazar y domar su ferocidad aparente, hace suponer que es hasta posible que Mourinho vuelva por los caminos que más le gustan. Con lo poco que lleva en el Benfica ya le ha dado tiempo para renegar con los árbitros que pitan penaltitos al Sporting. Por arte del demonio va a ser al Sporting precisamente a quien tenga que agradecer uno de esos momentos felices que Mourinho disfruta como nadie. Anoche no sólo Mourinho, todo Lisboa fue a la cama exultante. Pena por el Athletic de Bilbao, que no supo aguantar el resultado a favor y pena por el Atleti de Madrid, ese equipo al que siempre le pasa algo cuando se le pone el viento a favor.


     Real Madrid, PSG e Inter... los tres deben pasar la criba para octavos donde esperan los cinco acorazados ingleses. Seguro que ninguno de los cinco los quiere ver. 

Jueves, 29 de Enero

 



La pregunta ontológica III

miércoles, 28 de enero de 2026

Virgen de Valvanera

Virgen de Valvanera en su Monasterio.S. XI


Virgen de Valvanera en S. Benito

Sevilla. S. XVII



Francisco Javier Gómez Izquierdo


        En estos días que todas las venas y venillas de la España van a reventar de agua me he acordado del Vallis Venaria, el valle riojano que dio nombre a la Virgen de Valvanera en Los Cameros de la sierra de la Demanda. Por los pasados Reyes me acerqué, como suelo hacer siempre que voy a Sevilla, a San Benito, donde un joven padre con sus dos hijos al verme con boina me relacionó sin dudarlo a la Virgen de Valvanera que se venera allí.


-Yo soy nazareno de la Sagrada Presentación de Jesús al Pueblo. ¿Ha visto usted nuestro Pilatos? -me aclaró el joven padre-. Me hice de la Cofradía porque mi madre era de la Hermandad de Gloria de la Virgen de Valvanera y me traía de chiquitito a ver al Niño "revirao" que parece que va a escapar de los brazos.


 "¿Acaso es tu madre riojana?" le pregunté. Me dijo que no, pero que sabía que el culto lo habían traído castellanos con Fernando III el Santo y que era una de las Hermandades más antiguas y que en Sevilla era Hermandad de mujeres donde se admiten hombres. Cogimos hebra y le apunté que cuando yo tenía la edad de sus hijos, Logroño era Castilla y que siendo la Virgen patrona de la Rioja, en la Demanda burgalesa se la tiene mucha devoción. Como no podía ser de otro modo le conté el porqué  del imposible escorzo del Jesús en la talla original románica del Monasterio, atribuido a un milagro cuando una pareja que fue a casar e hizo noche en el Santuario se acurrucó y emocionó en demasía fruto de su juventud y naturaleza hasta el punto de escandalizar al Niño, que volvió la cabeza que miraba inclinado a la derecha, hacia la izquierda para no ver sacrilegio en recinto sagrado. Los pocos fieles gritaron "milagro, milagro";  la pareja huyó asustada, pero volvió a los nueve meses con la criatura nacida de la incontinencia en busca del perdón de la Virgen, que por supuesto concedió.


      Las imágenes que he visto de otros lugares que representan la Virgen que tanta devoción atrajo desde tiempo medieval, todas tienen al Niño como inquieto, pero lo que más me ha llamado siempre la atención es la difusión que tuvo partiendo de lugar tan escondido y sin casi población. Hay historias que no admiten discusión que dicen que castellanos (Rioja era Castilla) que embarcaron con Colón llevaron el culto de su Virgen y lo extendieron por las Américas: México, el Perú, Venezuela, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Puerto Rico.., pero sobre todo en Colombia, y puestos en Colombia, en el Departamento de Antioquia, de donde servidor ha conocido varios  presos con la misma estampa en la que el Niño mira a la derecha, a la gente y no a su Madre. En España hay altares en Madrid y Extremadura,  Asturias, Galicia... En Sevilla tiene gran arraigo y lejos de San Benito, cerca de la Alameda de Hércules he visto una calle Virgen de Valvanera, lo que me hace pensar, puede que no tenga base ninguna, que los burgalese y riojanos que se asentaron en Sevilla no fueron pocos y sí pocos muy inclinados a su Virgen. Dice la Leyenda traducida de un texto atribuido a Gonzalo de Berceo que la imagen fue encontrada en el hueco de un roble por Nuño, un criminal arrepentido al que acompañaba Domingo, el cura de Brieva de Cameros y así como Nuño dejó la mala vida los emigrantes de la Demanda también se apartaron de un terreno tan infecundo pero sin olvidar Su Refugio.


    En Los Cameros se dice que Colón llevaba una imagen de la patrona de la Rioja en su camarote de la Santa María. Que la Santa María se apellidaba de Valvanera (mucho decir es ésto, pero ¿quién sabe?) y que en una réplica de la nao capitana que se hizo en los 60 y que llegó a Nueva York, la Santa María era de Valvanera.


      Con la que está cayendo, pudiera ser que sea tiempo de encomendarnos a la Virgen del Vallis Venaria. A la Virgen de Valvanera. Servidor está obligado por nacencia y por tener a la descendencia avecindada en Sevilla con tan Gran Señora.

En busca de Alexander Hamilton




Ignacio Ruiz Quintano
Abc Cultural


    Habría divinizado Europa.

    Lo dice el relaciones públicas, y tantas cosas más, de la Revolución francesa, Talleyrand, el mismo que, allá por 1830, ya con la cabeza extraviada, oye que llaman a su puerta y exclama: “¡Si es Robespierre, que no estoy!”

    –Considero a NapoleónFox [Charles James] y Hamilton los tres hombres más grandes de nuestra época, y si estuviese obligado a elegir entre los tres, daría sin dudarlo el primer lugar a Hamilton. Habría divinizado Europa.
    
Alexander Hamilton puso nombre a la invención más ambiciosa para garantizar la libertad política: la “democracia representativa”.

    –La democracia simple era la sociedad que se gobernaba a sí misma sin la ayuda de medios secundarios –explica Tom Paine–. Al injertar la representación en la democracia, llegamos a un sistema capaz de abarcar todas las extensiones de territorio y de población. En este sistema se funda el gobierno americano. Es la representación injertada en la democracia.
   
En España, país de “demócratas de toda la vida”, no sé de la traducción de ninguna biografía de Alexander Hamilton.


    Cuando llegué a la Universidad, en el otoño de 1976, todo el mundo hablaba de democracia, y, sin embargo, no encontré a un solo demócrata. Peor: América, el país de la epopeya democrática de Walt Whitman, donde para hacer una leva sólo hay que decir “democracia” (dos veces salvaron a Europa con ese reclamo) era el enemigo a batir.

    La triunfadora Revolución americana, la de la libertad de Montesquieu, no se mencionaba siquiera, y toda la energía se nos iba en los fracasos de la Revolución rusa, despachada en finas lonchas estalinistas como sacadas de lo narrado por Yuri Dombrovski en “La facultad de las cosas inútiles”, y la Revolución francesa, la de la igualdad deRousseau, ideología productora de mentiras (Bastilla, Varennes), corrupción (Directorio) y militarismo (Napoleón).

    La libertad de Montesquieu es incompatible con la igualdad de Rousseau, y eso lo saben los rusonianos, que siempre la han combatido en Europa.

    En la Universidad española no te decían que la democracia cabe en los siete artículos de la Constitución federal del 87. O en los ignorados ensayos de “El Federalista”. Tocqueville constituía una lectura “protofascista”. Ni palabra, tampoco, de los panfletos de Tom Paine, salvo en la parte de la Revolución francesa, obra, después de todo, de un abate, Emmanuel Sieyes, y la chusma, es decir, del fanatismo y la violencia (escenas de caníbales”, para Saint-Just), frente a la grandeza humanística de los padres fundadores de los Estados Unidos de América, mezcla, políticamente, del lirismo lockiano de James Madison y el pragmatismo hobbesiano de Alexander Hamilton, cerebro político, económico y militar de George Washington, para quien redactó la Carta de Despedida de 1796, y que en la decadente era de Obama ha salvado su cabeza de los billetes de diez dólares únicamente por el éxito popular del hi-hop de Lin Manuel Miranda en Broadway. Hamilton, antiesclavista radical (Lincoln lo fue de conveniencia) desde su infancia en el Caribe, iba a ser sustituido por la abolicionista Harriet Tubman, que pasará a “ocupar” el puesto del trapisondista ex presidente Andrew Jackson en los billetes de veinte dólares.
    

Es inexplicable la poca atención que en América, hasta el musical de Miranda, ha prestado la industria del espectáculo a la figura (¡tan cinematográfica!) de Hamilton, hijo ilegítimo, siempre solapado en las listas de la popularidad por Jefferson, aristócrata y terrateniente, que, salvo por su amplia cultura, hoy sería un perfecto socialdemócrata europeo: populista (un día dijo que los granjeros eran el pueblo escogido por Dios, y al otro, que lo que necesitaban los colonos era leer la “Historia general de España” del padre Mariana), relativista (carecía de fe religiosa) y sentimental (amante, siendo esclavista, de la antigua esclava Sally Hemings, uno de cuyos hijos, Tom, iba por el mundo presumiendo de sangre presidencial). Jefferson es republicano (gobierno débil) y Hamilton, acusado de monárquico por sus enemigos, es federalista (gobierno fuerte). Todavía en una conferencia de 1982, el juez Antonin Scalia, nombrado por Ronald Reagan, invitaba a los conservadores a defender, con “los argumentos de Hamilton”, que el gobierno federal no es malo, sino bueno, y que el secreto está en utilizarlo sabiamente.

    Hamilton, hijo de escocés y francesa, no pudo ser presidente por no ser natural de América: viene del Caribe, aunque ha sido educado en la verdadera Ilustración, que es la escocesa (HutchesonHumeSmith).
    
Lector de Grotius, de Pufendorf, de Montesquieu, de Locke… –se declara, a los 17 años, en un panfleto.

    Para Carl Schmitt, Pufendorf es el epígono de Francisco Suárez en lo fundamental de la teoría del Estado, “y el propio contrato social de Rousseau no es más que una vulgarización de Pufendorf”.
    
Hamilton, arquitecto del Estado americano, llega a Nueva York (vivirá en el 57 de Wall Street) a los pocos meses del motín del té en Boston. Su teoría política se basa en sus clásicos griegos y latinos (DemóstenesPolibioPlutarco, leídos en sus lenguas originales) y en su experiencia militar.


En la reunión de Filadelfia para elaborar la Constitución presidencialista del 87 que sustituiría a la fracasada Constitución parlamentaria del 81, triunfa el proyecto de James Madison, que hace hincapié en “la felicidad del pueblo” (“felicidad”, la palabra más repetida por Paine en sus escritos, es, en la época, una forma de llamar a la libertad), sobre el de Hamilton, que hace hincapié en la fortaleza del gobierno (propone Presidencia y Senado vitalicios). En “El Federalista” defenderán juntos el mecanismo constitucional “checks and balances”, (¡la tercera ley de Newton!), controles y contrapesos, inspirado en Montesquieu, y que garantiza la libertad política de la nación. “Que la ambición vigile a la ambición y el ciudadano dormirá tranquilo”, resume Madison. Con el único fin de salvaguardar esa libertad, habían inventado la democracia representativa, que hacía posible la democracia en una “república geográficamente extensa”. La excepción histórica, el milagro político, la conjunción astral (cincuenta y cinco “semidioses” en Filadelfia, dirá Jefferson) de la libertad.
    
También la muerte, de héroe romántico, de Hamilton es cinematográfica: en un duelo (como su primogénito, Philip, y quizás para morir como él) con su rival político Aaron Burr, en un bosque de Nueva Jersey, porque el duelo es ilegal en Nueva York. Burr tira a matar. Hamilton, como su hijo, al aire.

    –Veo borroso –dijo.
    
Al recibir la noticia, Talleyrand, que había visitado a Hamilton en su puesto de secretario del Tesoro, donde creara el primer Banco de los Estados Unidos, recordaría su impresión ante la austeridad de aquel hombre que habría divinizado a Europa y que, tras sentar las bases del gobierno más poderoso (¡y vigilado!) del mundo, hacía cuentas a la luz de una vela, muerto de frío.


[Marzo, 2016]