Hughes
Pura Golosina Deportiva
(Un poco tarde la croniquilla, pero aquí se cumple)
Había minuto de silencio dedicado a Lucien Muller y a Brad Branson. Lo sentí mucho porque no me acordaba de Brad Branson y fue a la vez revivirlo y ‘morirlo’. Me dio pena.
La finitud no evitó unos pitos del Bernabéu. “Se ha muerto Brad Branson y estos pitando”, pensaba yo. Eran pitos generales al equipo y luego unos muy concretos a Vinicius, que respondía con gestos de animación a la grada. Si le pusieran un disfraz como el de periquito del Español, veríamos que parte de su gesticulación por la banda tiene el histrionismo inofensivo de la mascota.
El Madrid salió con todo en el campo otra vez, pero sin la pelota y sin la intensidad. Para colmo, Bellingham se lesionó persiguiendo un pase de Mastantuono. Los hombres de fútbol inmediatamente confirmaron que se trataba de algo muscular, con esa seriedad que les provoca el cuádriceps y que sólo supera el ligamento.
Algunos jugadores se llevaban un silbidito, una raíz de silbidito. Asencio no. Asencio puede ser expulsado, dejar solo al defensa, provocar penaltis...
Se fue Bellingham , entró Brahim y el equipo no jugó ni mejor ni peor aunque el susto les animó o despertó un poco.
Ahí vino el gol, una maravilla de Vini, con pisadita loca y gran colocación. Ya había alguno pitando cuando el balón besaba “el fondo de las mallas”.
El gol dio alegría, un pressing picantoso, y minutillos de Guler, Vini y Mbappé; con la presión luego vino la mayor velocidad de la pelota (es que de verdad todo es mental, tenía razón Floro); estaba bien Vinicius y debo decir, aunque puedo estar entrando en el terreno de las desviaciones, que Huijsen también. Le veo más expeditivo, aunque la palabra se le queda un poco grande. Es como en el gimnasio cuando uno pasa de la mancuerna de tres kilos a la de cinco. Hay que aplaudirlo. Se adelanta más al defensa, apuesta más por sí mismo y supera líneas como (creo) nadie en la Liga española. Lo hace de manera tan fácil que no se advierte, pero en la presión tiene mérito lo suyo, como cuando hay trincheras y ha de salir un soldado a atravesar el frente. Él cruza el terreno de las balas como si nada, con flema lánguida y lechosa.
Huijsen incluso llegó a pisar área, llevado por su facilidad y un pase de Güler que le hizo delantero, pues Arda hace delanteros con sus pases.
Pero más allá de mi huijsenismo, la cosa fue decayendo. Mucha actividad de Camavinga lateral, sí, hay que reconocerlo, pero el tono se fue apagando (y esa actividad suya casi entristece por contraste, parece desaprovechada, inconexa, solitaria).
Al irse al vestuario los jugadores, el público pitaba, pitidos soberanos de gustarse ya, inconfundibles, de haberle cogido gustillo otra vez.
Ni los pitidos, ni la arenga de Arbeloa cambió nada, y el Madrid, con Ceballos por Asencio, salió aculadito, largo y blando y no tardó en llegar el 1-1, gol de De Frutos; Álvaro ganando a Valverde, él a Tchouameni.
Había algo curioso. El Madrid tenía mejor mediocampo en la defensa que en el propio centro del campo: Valverde, Tchouameni, Huijsen y Camavinga, y por delante Güler, Brahim y Mastantuono, o sea, mediapuntas.
Como defensas no hay, se ponen los mediocampistas, y en el mediocampo se desparraman los mediapuntas, que los hay para regalar, y arriba, como en una tarta temblorosa, se pone a Mbappé, Vinicius (y a Bellingham cuando está). No es de extrañar la sensación de desmoronamiento y que eso tiemble como una infraestructura del PSOE.
Además, y volviendo a la psicología, se había perdido la alegría. El ánimo ya era xabialonsista. Un equipo de ratos, de momentitos, de poca fuerza, de poca convicción, con la única emoción del susto ante Courtois, esta vez un mano a mano con Ratiu.
El perseguidor de Ratiu, el que hacía de Valverde, fue Gonzalo, todo hay que decirlo.
Dominaba el Rayo, costaba un mundo robar (porque el balón es de alguien, no de nadie) y se oía “calienta David Alaba”.
Mbappé, a pase de Güler, como siempre, la llevó al larguero y el Rayo colaboró con la autoexpulsión de Pathé Ciss, que le hizo una entrada salvaje al pobre de Ceballos, que hacía de monocampista, levando él solo, y llevándolo bien, el centro del campo sobre el que flotaban los delanteros de antes más Rodrygo. Estuvieron los dos muy bien. Ceballos incluso pudo marcar en un tiro al palo y Rodrygo pidió la pelota cuando más quemaba.
Si el Madrid perdía, la Liga empezaba también a ponerse en chino, y se le notaba a Arbeloa, hundido en su gabán. El árbitro extendió un descuento de 9 minutos. Así, así... cantarían algunos, pero es verdad que hubo de todo y mucha pérdida de tiempo.
En el noventa y mucho, con el Madrid jugando a lo que más le gusta, a lo que al final le recordamos, consiguió un penalti sobre Brahim, otro patadón absurdo, y Mbappé, con la tensión en el rostro, lo marcó.
Había sido el Madrid de Alonso pero con el brote de una flor. No decimos que Arbeloa la tenga. Pero una flor se despetaló contra el Rayo en el minuto 97. Fue una introducción a la flor en lo peor del invierno.
La flor tiene estambre, corola, pistilo... Vayamos recordando. La flor es hembra, pero tiene una parte macha y es lo que nosotros podemos aportar. ¡Erectos los estambres!






















